imagen: (c) Herbert Pfostl
FAR WEST: MÁQUINA CÓNDOR
(novela en proceso)
Mi señor
y padre amantísimo, púsome la determinación y ansia de imitar a los santos,
porque los libros que leo son siempre vidas de santos, aunque un día quise ser
hereje, sepa usted mis infortunios que es labor de manos, siga usted mi
derrotero, donde Su Majestad es el autor de todo lo que escribo: "principio de finitud, principio de inmanencia, principio de la compleción, principio de acotación repertorial..." Soy el niño moribundo, soy la secuela
de una larga enfermedad, viví desde antes, pero nací en la escuelita, en los
recreos de la infancia de por 1986, allí donde nos tocaban, allí donde
nos obligaban a comerla y había un crucifico sobre una pantalla de televisión, un
ojo, una risotada en que nací por lo pronto y éste, mi reino, velado por un
crucifico, velado por una enorme pantalla de televisión. Yo no soy fea, que si fuese fea, fea es mi madre
parecida al sol... Cuando
hablo emito un sonido, un zumbido bajo, apenas perceptible, soy mejor
escribiendo el Almanaque santísimo, ridículo. Me llamo Teodoro, soy el escriba,
el dolor del cielo y de la tierra y lo que fue quedando. Soy ahora un niño rubio sentado a una mesa diminuta de las casas diminutas de la población Lucía
Hiriart, donde se esconde la miseria y se frotan los cuerpos entre la
hediondez, entre los bichos, en silencio si se puede porque no hay lugar ni
puertas dentro de las casas, donde se reza y la radio no deja de escucharse, apagones, partidos de fútbol, sorteos, Radio Tanda, las risotadas
descomunales que nos tragan y no tenemos alma, tenemos un pequeño rincón
abandonado para no decir ni ser dichos, y a diario el papi nos boxea porque sí,
y a veces boxea a la mami bonita porque sí, porque algo se le metió dentro y
quiere salir fuera, nuestra herencia que se nos va metiendo y pese a todo o por
ello escribo un almanaque sobre el almanaque, a cada hoja le voy pegando otra,
cubriendo los datos, las fotos, entonces mi nombre es Elizabeth Millapán y organizo el relato, entonces soy Elizabeth Millapán y no soy ella. Cada personaje tiene un nombre, a veces dos, a veces un apodo, otro
apodo… Escribo: "Teodoro penetró en la sala superior y cayó presa del éxtasis.
Estamos en el vertedero mundo actual, le dijo la diosa (Lucía Hiriart de
Pinochet), y tú te encuentras en la fuente misma de la desdicha".
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30/11/11
Fragmento
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