13 August 2009

Audio (conferencia). "El totalitarismo, una realidad que desafía la comprensión", por Fina Birulés (Fundación March).


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El totalitarismo, 
una realidad que desafía la comprensión
por Fina Birulés
19/10/2006



Fecha: 19/10/2006 
Presentador: Javier Gomá 
Duración: 50 minutos

Los humanos son seres que, a diferencia de los animales, no necesitan aceptar lo dado, pueden transformarlo; frente a los procesos devoradores de la naturaleza edifican un mundo de civilización, capaz de sobrevivirles y de proveerles un espacio estable donde habitar. Al subrayar esta posibilidad humana de transformar lo dado, Hannah Arendt no sólo aludía a la historia del homo faber, sino que deseaba destacar también el carácter artificial de la política, pues, a su entender y a diferencia de una larga tradición de filosofía política, no toda forma humana de convivencia es política. De hecho, la experiencia de los campos de exterminio y de concentración en los regímenes totalitarios del siglo XX había mostrado que esto específicamente humano nada tiene de natural, de inevitable ni de irreversible. La política no es una necesidad de la naturaleza humana, sino sólo una posibilidad ocasionalmente realizada. El objeto de la política está vinculado precisamente a la preocupación por el mundo (amor mundi, a los gestos de estabilizar la convivencia de seres perecederos a través de una comunidad plural. Arendt concibe la comunidad política en términos de distancia y no de cercanía o de fusión: la distancia es la figura de la comunidad ("comunidad es lo que relaciona a los hombres en la modalidad de la diferencia entre ellos"(1). Si dejamos de considerar, como suele ser habitual entre nosotros, que el núcleo del pensamiento de Arendt es la defensa de la democracia participativa y la concepción de la acción tal y como se plantea en La condición humana, advertiremos que de su esfuerzo por aislar los elementos de los gobiernos totalitarios aflora algo parecido a un guión de reflexión, para los "tiempos de oscuridad", mucho más complejo, difícil de catalogar y entretejido de consideraciones que no siempre encajan fácilmente con la imagen que tenemos de una figura en la que puede leerse una "variante del radicalismo" y que nos resulta especialmente agradable "al no estar contaminada por el materialismo, el leninismo o el historicismo"(2). De la confrontación con la experiencia del totalitarismo, Arendt extrae un análisis en el que asume las terribles verdades de lo ocurrido y su radical y trágica originalidad. Esto es, se toma en serio la irreversible ruptura que, en el siglo XX, significan los hechos del totalitarismo, de modo que el programa que puede entreverse tras sus reflexiones y escritos posteriores, puede enunciarse con las palabras de Tocqueville: "Un mundo nuevo requiere una ciencia política nueva"(3). Las categorías y los problemas centrales del pensamiento arendtiano deben mucho al guión semioculto que se fue perfilando a lo largo de su esfuerzo por dar cuenta del fenómeno totalitario. Muchos de sus temas más característicos pueden leerse como si fueran imágenes invertidas de las conceptualizaciones de que se dotó en Los orígenes del totalitarismo.

(1) Esposito, Roberto, Communitas. Origen y destino de la comunidad, Buenos Aires: Amorrortu, 2003, pp. 137 y ss. 
(2) Canovan, Margaret, "Hannah Arendt como pensadora conservadora" en BIRULES, Fina (comp.), Hannah Arendt. El orgullo de pensar,Barcelona, Gedisa, 2000, p. 52. 
(3) La democracia en América, Introducción, Madrid, Alianza, 1995, p.13.