27 April 2013

CITANGO

Fuente de la imagen aquí
EL ÁRBOL DE SAUSSURE,
una utopía.
(fragmento).
por HÉCTOR LIBERTELLA.
  
*

La barra del bar Con los codos apoyados en la barra de metal, los parroquianos del ghetto miran con mirada boba el único árbol de la plaza, sin imaginar siquiera que el bar donde se encuentran proviene, casualmente, de “barra”. 

En sus ojos no se refleja un árbol tal como los pensamos sino apenas un tronco con ramas y hojas; algo que sólo dice: acá estoy (estoy acá). 

Mientras beben, miran. Y mientras miran no saben que esa figura les determina un punto de vista –los va distribuyendo silenciosamente en sus butacas–. 

Lo invisible La plaza del ghetto se reduce a los límites del ghetto. Lo único que la distingue es ese árbol plantado al medio. En los días de mercado radiante se puede ver a un puñado de escritores dándose un baño de sol encima de la copa, entre sus ramas y hojas llenas de sentido y salud. Otros se quedan al pie porque prefieren la sombra. Son tomas de posición.

La plaza tiene dificultades para reconocer su perímetro. Se reduce a los límites del ghetto, sí, pero el ghetto es grande como el mundo y hasta incluye un océano entero. 

De la imagen del pescador que ahora está lanzando su enorme red en altamar, al arquitecto no le importará más que calcular las proporciones de esa red: 98,5 por ciento de huecos o agujeros entre nudos, y apenas 1,5 por ciento de materia concreta hilo. Él únicamente mide vacíos; no vino aquí para llenar el mundo de edificios. 

El pescador, a su vez, no tiene como objetivo pescar. Sólo lanza con gesto aparatoso la enorme red para que el arquitecto la admire. (Si así son las cosas, nadie quedará preso del objeto que lo nombra.) 

En la Aldea Global atada, amordaza con los hilos de la comunicación instantánea, alguien está calculando en aquellos huecos o agujeros entre nudos la medida exacta de lo impalpable.