21 October 2015

Fragmento en español + artículo original en francés. "Raza y racismo: a propósito de algunos diálogos entre ciencia e ideología", por Jean Benoist. Tr. al español por Marcos Pullally

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En la imagen que las sociedades coloniales han construido de otros grupos humanos, la ciencia a menudo ha sido llamada o por lo menos nombrada. Lo ha sido tanto para reunir información como para estructurarla. En ambas etapas de la representación del otro con la garantía de la ciencia, la antropología aceptó entrar en un campo de acción que no era inicialmente el suyo y que implicaba trampas. En efecto, si la representación del otro se construye a partir de un conjunto de informaciones, éstas serán elegidas y organizadas en el seno de un paradigma que subyace tras las preguntas formuladas.

La antropología física ha construido técnicas y teorías relativas a las razas humanas, en respuesta a una solicitud de explicación de diferencias biológicas y de comportamiento que percibían quienes formulaban, directamente o no, esa solicitud; refleja, en todo caso, un consenso bastante general sobre estos asuntos. Desde el principio, una parte del trabajo de la antropología no nace de la lógica interna de la disciplina, sino de aspectos de una situación social específica. Es esa situación la de las colonizaciones y la de realidades multiétnicas en parte de Europa la que ha sido mucho tiempo el marco en el que se han percibido e identificado numerosos grupos humanos, luego sometidos como tales a la evaluación de la ciencia en general y de la antropología en particular.

Más tarde, otra situación, la de la descolonización, sirvió de marco para un nuevo cuestionamiento. Es así que "la finalidad" presentada al investigador se constituía a partir de problemas externos a la disciplina, y en su aceptación asumía la doble función de ser un biólogo de la diversidad humana y un actor entre las tensiones políticas y las opciones éticas que sostenían la argumentación sobre esta variabilidad. Sin darse cuenta bien de esto, él integraba en su labor a la vez lo "visible" (las apariencias físicas de poblaciones mal conocidas, su medio ambiente, sus comportamientos en la vida cotidiana) y lo "invisible", dando forma a juicios de valor sobre actitudes y potencialidades. Lo visible y lo invisible, estrechamente imbricados entre sí, resultaban partes constitutivas del objeto que el antropólogo consideraba exclusivamente biológico y que era de hecho un objeto social.

La antropología se fijó como tarea analizar y explicar en términos de ciencia natural aquello que examinaba. Por consiguiente, a partir de una construcción social de la realidad procedió a identificar los indicadores resultantes de los rasgos físicos de los individuos. La discontinuidad fundamental entre los colonizadores y los colonizados, por homología de la discontinuidad entre nosotros y ellos (los otros), se vinculó a un pensamiento tipológista y jerárquico que se encontraba particularmente a gusto ante las preguntas formuladas. Hubo, pues, observaciones que se estimaban racionales aunque partían de supuestos que no lo eran. Como veremos, más allá de los cambios, persisten posiciones ideológicas que penetran muchas perspectivas asumidas como exclusivamente científicas, lo que no queda sin traer consecuencias.

Naturalmente, en relación con las opciones éticas relativas a las diferencias entre grupos humanos, estamos obligados a solicitar que "demos a la ciencia lo que es a la ciencia y demos a lo social lo que es social", esto es, la ética. Porque cualesquiera que sean las opciones, ninguna ética relativa a los seres humanos puede arraigarse en la biología. Corresponde a otra dimensión, la de una afirmación de la elección en la cultura y no la de un orden a partir de la naturaleza.

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Fuente y artículo original completo en francés aquí