12 June 2017

Una breve historia del cáncer de pulmón, por Hanspeter Witschi. Traducción de Marcos Pullally

screenshot- 2017-06-12 09-40-25


Ve a la primera parte

Sin embargo, por un largo periodo de tiempo hubo un cáncer de pulmón con respecto al cual resultaba evidente que podía estar causado por un agente externo. Tempranamente, ya en 1500, llamó la atención en particular este hecho. En dos regiones de Alemania y Checoslovaquia, Schneeberg y Joachimsthal, había minas que primero fueron productoras de plata y más tarde de níquel, cobalto, bismuto y arsénico. La palabra "dólar" en realidad se deriva de la palabra "Thaler"; las monedas acuñadas a partir de la plata pura de Joachimsthal eran llamadas "Joachimsthaler", es decir, procedentes de Joachimsthal, lo que, abreviado, viene a ser  "Thaler". Casi sin excepciones, los mineros que trabajan en estas minas desarrollaron una enfermedad mortal llamada "Bergkrankheit", esto es, “mal de montaña”. Entre 1876 y 1938, de un 60 a un 80% de todos los mineros murió a causa de la enfermedad que, en promedio, duraba 25 años. En ciertas regiones las minas se conocían como "hoyos de la muerte", puesto que todos los trabajadores se ponían enfermos. Como resultado, el cáncer de pulmón en los mineros fue reconocido como una enfermedad profesional y, en consecuencia, los mineros consiguieron el derecho a ser indemnizados (en 1926 en Alemania y en 1932 en Checoslovaquia). Mientras se pensaba que los constituyentes químicos de los minerales que se producían, sobre todo el arsénico, podían estar implicados en la etiología de estos tipos de cáncer de pulmón, con prontitud existió la sospecha de que la “emanación de radio” era el principal culpable. Mediciones publicadas en 1924 en una revista alemana de física, confirmó que el aire en las minas contenían altas concentraciones de gas radón, cuyos índices más alto eran  de más de 18.000 picocuires por litro.

La fabricación de la bomba atómica y el mantenimiento de un arsenal nuclear demandaron grandes cantidades de uranio. En los Estados Unidos el uranio fue extraído sobre todo de la meseta de Colorado. La experiencia europea debió de  alertar a las empresas mineras de los posibles riesgos que los trabajadores tendrían que enfrentar. Sin embargo, la responsabilidad en  la seguridad no recayó sobre la Comisión de Energía Atómica, sino que sobre los estados, los cuales carecían tanto de conocimientos como de equipo para afrontar el problema. Aunque por entonces debería de haber sido obvio que una ventilación insuficiente de las minas de uranio causaba cáncer de pulmón, se suprimió la evidencia que apuntaba en esa dirección; censura del gobierno, apatía y conservadurismo burocrático impidieron que se abordara el problema. La industria minera aseguró que "la ventilación de las minas era innecesaria y demasiado cara". Se estima que entre 4000 a 5000 estadounidenses han muerto o morirán de cáncer de pulmón causado por trabajar en las minas de uranio inadecuadamente ventiladas. Y aunque ahora el problema ha sido reconocido como un desastre sanitario, las compensaciones tardan en llegar.

Durante las últimas décadas ha habido un cambio en las formas de cáncer de pulmón. En los primeros estudios la forma de cáncer de pulmón predominante en fumadores era el carcinoma de células escamosas, sobre todo por el epitelio de revestimiento de las vías respiratorias. Visto en 1961, pero confirmado durante las últimas dos décadas, se produjo un cambio a adenocarcinomas situados más periféricamente. Esto es probablemente consecuencia de los cambios realizados en los cigarrillos. El alquitrán fue considerado el principal agente cancerígeno en el humo del cigarrillo, porque en este humo el alquitrán fue uno de los primeros  ingredientes aislados y a partir del cual, en estudios con animales a los que se les aplicó en la piel, pudo ser demostrado que producía cáncer. Se esperaba que la producción de cigarrillos con bajo contenido de alquitrán, nicotina y la adición de filtros pudiera disminuir el riesgo de cáncer, y no de un cambio de actitud frente al hábito de fumar. Para cumplir con el deseo vehemente de nicotina los fumadores de cigarrillos de filtro pueden inhalar el humo más profundamente y retenerlo por más tiempo en los pulmones. Con la eliminación de hidrocarburos aromáticos policíclicos en el filtro, las preponderantes carcinógenos en el humo podrían ser nitrosaminas específicas del tabaco y sustancias volátiles cancerígenas en fase gaseosa. Los experimentos con animales dan fuerza a esta idea; hidrocarburos aromáticos policíclicos producen carcinomas de células escamosas en los pulmones de los animales, mientras que las nitrosaminas son más propensas a producir adenocarcinomas.

Toda la evidencia que vincula el cáncer de pulmón y el hábito de fumar deriva de la experiencia humana. Del mismo modo, el radón fue reconocido como un carcinógeno humano mucho antes de que fuera identificado como tal  en algunos animales; los datos sugerían que era un carcinógeno. Es probable que ni el agente responsable del cáncer de pulmón de los fumadores de cigarrillos o de quienes se exponen al radón hubiera sido reconocido como cancerígeno de no haber sido por el hecho de que previamente la enfermedad tuvo un aumento en paralelo con el incremento del consumo de un producto tan ampliamente distribuido y tan altamente adictivo, o se asociara con una ocupación específica. Es interesante pensar que la toxicología experimental ha  contribuido poco a nuestra comprensión de la enfermedad. Hay escasos estudios (algunos podrían decir que ninguno en absoluto) en los que se ha demostrado inequívocamente que el humo del tabaco puede causar cáncer de pulmón en animales sujetos a experimentación.



Lecturas sugeridas:

Hecht, S. S. (1999). Tobacco smoke, carcinogens and lung cancer. J. Natl. Cancer Inst.  91, 1194–1210.
Kluger, R. (1996). Ashes to Ashes. Alfred A. Knopf, New York.
Proctor, R. N. (1995). Cancer Wars: How Politics Shapes What We Know about Cancer. Basic Books, New York.
Proctor, R. N. (1999). The Nazi War on Cancer. Princeton University Press, Princeton, NJ.
Müller, F. H. (1940). Tabakmissbrauch und Lungencarcinom. Z. Krebsforsch.  49, 57–85.
Wynder, E. L. (1994). Prevention and cessation of tobacco use: Obstacles and challenges. J. Smoking-Related Dis.  5,(Suppl. 1), 3–8.