Recepción crítica

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Breve apunte personal acerca de Medical Pet (Guatemala: Catafixia, 2010). Este libro incluye el conjunto de textos bajo el mismo título (subtitulado "Primera elaboración") y un breve escrito anterior en formato de texto dramático titulado "Acaríciame el hoyo por dentro". Ambas partes rearticulan la violencia neoliberal (obviamente no restringida a la realidad chilena), se encuentra aludida en cada texto y se refractada en y por el texto: en el título de la primera parte se hace referencia a los crímenes del "sicópata de Alto Hospicio", en el cuerpo del segundo se anota el nombre de Cinthya Johanna Cortéz Pérez. Con ello pongo énfasis en el componente patriarcal de la violencia neoliberal que sirve de material a la textualización. Como soy hijo de "bajo pueblo" (en expresión que tomo de Grabriel Salazar) no puedo sino ser solidario con quienes padecen esa violencia que resulta de una amalgama de componentes (entre ellos de clase, género y etnia), sin que tales componentes tengan real presencia sino en la realidad sociohistórica en que se actualizan. 

No dejaré de apuntar que mi madre padeció esa semiesclavitud de mujer pobre, de campo, con muchos hijos, sin educación formal, sometida derechamente (no subalternizada) a la dominación de mi padre, un hombre parte de, digamos, ciertas formas culturales. Más que como "casos" a ambos los hago presentes en esta nota como concreción de modulaciones sociales que sobrepasan lo estrictamente individual, apuntando entonces (como en Medical Pet) a lo colectivo. 

Por último, y aunque se desprende de lo recién expuesto, Medical Pet no es un panfleto, además bien hace suyas contradicciones sin conciliarlas, de ello, en parte, la dificultad para una recepción de género (gender) que busque confirmar en su lectura, sin más, una diáfana intención emancipatoria. Mi interés por refractar el género (y sabiendo que el texto está más allá de mi conciencia clara) viene de eso en lo que crecí, que de una u otra forma me alimentó. Con ello recalco un cuestionamiento personal que de nuevo desplazo a un cuestionamiento colectivo, a la necesidad de que cada uno de nosotros (varones y mujeres) se revise para poder desaprenderse, en lo cabe, de esas formas que se hacen propias como se bebe agua. 

El texto se escapa de lo que yo quiero decir, he ahí su riqueza en vínculo a la postdictadura, a lo socio-histórico rearticulado más allá del mero reflejo. Dicho lo anterior, puedo observar ciertos puntos a tener en cuenta, sin que ello signifique agotar el texto en esos puntos que por lo demás apenas esbozo en esta breve nota.    

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MEDICAL PET de Marcos Arcaya Pizarro
(Catafixia: Guatemala, 2010)
Por Raquel Olea 

Escrito leído en la presentación del libro en La Chascona -Santiago de Chile, jueves 05 de agosto de 2010-
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Algo desconcertada me he encontrado interrogándome respecto a cómo y por dónde ingresar a la lectura de “este librito” como me dijo Marcos cuando me invitó a presentar Medical Pet (Guatemala: Catafixia, 2010), ahora le devuelvo mi agradecimiento por la invitación diciéndole que  lo tomé, miré su formato pequeño, lo abrí, hojeé y después de haberlo leído me pregunto ¿qué es lo que  determina que un  soporte editorial  de mayor o menor tamaño haga del objeto impreso  un libro o un librito ¿será su porte, su texto, su densidad, sus intensidades; la exigencia que pone al lector?, si nos guiamos por las últimas opciones entonces no estoy tan segura, Marcos, que este sea un librito, como dijiste.  Gracias nuevamente.

Marcos Arcaya está unido a la tradición más reciente de la poesía chilena dice Rodrigo Gómez  en el prólogo de Anomalías (Lima: Zignos, 2007), antología que presenta a cinco poetas chilenos, de los cuales uno de ellos es Marcos Arcaya. Medical pet, es su segundo libro, en 2008 había publicado 5cHile en apenas 10 ejemplares (Santiago de Chile: Lingua Quiltra).

Organizado en dos secciones: “Alto hospicio mi noche”la primera, y “Acaríciame el hoyo por dentro”, la segunda,  que ya había sido publicada en  5cHILE con el nombre de “El hombre que se desplaza”. La inclusión de esta parte, en Medical pet que por su parte está subtitulado como, primera elaboración, me sugiere que el poeta astuto le tiende una trampa al lector atento, esto que leemos ya fue antes otra cosa, pero además no es definitivamente eso, o lo que es podría dejar de serlo, o más bien será otra cosa; gesto que de entrada nos sitúa frente a un hablante que se instala en la provisoriedad, que advierte de una  posible continuidad discontinua, de un flujo ilimitado, un habla ya devenida, procedente de otra cosa, de algo que ya fue, pero que puede seguir transformándose. Ingresamos así a un texto siempre modificable marcando con ello la pauta de una escritura abierta, expuesta, disoluta y disuelta que siempre admite más, que promete llegar a ser  otra y otra cosa como conviene al flujo imaginario que  habita su escritura y desborda su marco de productividad y significaciones.

Ingreso al texto guiada por un hablante que se señala en el movimiento de algo  sucio: olas, flotaciones de colillas, enjambre de monstruos, cabalgata de niños,  iniciando la lectura en la producción  de saber del poeta ―su escritura―  sobre la incerteza, la palabra desplazada, la enfermedad, la devastación “se que todo ha de pasar como en un canto/ porque todo ha de pesar como en un cáncer” dice, insinuando un cuerpo que pesa en su descomponerse.

“No sin pavor/ no sin pena/ he cambiado los nombres” dice luego en el mismo primer poema de “Alto hospicio/mi noche”, insistiendo en lo interino con que  el poeta se construye por el signo de una referencia opaca, el lugar del crimen en una zona olvidada del desierto chileno. Desierto ya escrito por la voz poética fuerte de Raúl Zurita, pero que Marcos Arcaya va a conectar a su vez ―lo señalan sus epígrafes― a las referencias del poeta de La Tierra baldía, T.S. Elliot, de la radical otredad de Cesar Vallejos como también a lo irremediable de la pérdida en Liber Falco.

Es propio de  Marcos Arcaya, estar dando señas constantes de sus  diálogos heterógeneos: poetas, narradores, pensadores de aquí y de allá, curiosamente todos varones (club de Tobi, Marcos): Lovecraft,  Enrique  Lihn,   Paul Bowles  también sus cercanos o más contemporáneos como Alexis Figueroa. La escritura de Marcos Arcaya es dialógica; textos de diversas disciplinas y tradiciones están presentes en su palabra.

Mi pregunta ―insisto― es por el poeta, por su voz que sitúa de entrada al lector en un escenario de escritura de crimen, de muerte y goce en el corte y la carne bajo el signo de “la mEDICAl pEt”, que funciona como un derrotero que  conduce la lectura desde y hacia el  saber bastardo, no situado, que opera su palabra en el territorio del abandono, la devastación, la herida, la enfermedad, la muerte.

Esta, la voz del poeta se configura, primero en la representación de la incerteza de su saber, “he cambiado los nombres”, dice o “todo esto sucedió más o menos”, o “quizás esto sea un mar” para agregar luego que “tuve la experiencia de ser todos los hombres”, pero todo conduce al encuentro con el vacío. El deseo de destrucción y muerte, condensado en el sintagma de la Medical Pet ―quizás traducible como clínica veterinaria, desgenerizado en la alternancia de los usos del artículo en masculino y femenino. “La medical pet” funciona en la escritura como una máquina proliferante de producción de flujo de malestares; el yo se constituye en la fantasmagoría o delirio de un tiempo y un espacio de contradicciones que enuncian la imperdurabilidad de algo implacable que sucede y sucede en todo aquello que circunda al hablante.  Espacio de devastación, de encierro, es nombrado sucesivamente como “calabozo de Chile”, Alto hospicio funde en su territorialización lo abierto y lo clausurado, el sur y el norte, la noche y el día, el mar y el desierto apelando y citando en ello escrituras otras, voces de llamamientos y fines apocalípticos.

Si el hablante de la primera parte Alto hospicio mi noche constituye un hablante que se nombra en el lugar del  crimen y el sufrimiento  o el crimen como goce del sufrimiento, como reitera  letánicamente el poema “sólo aquí se puede sufrir tanto”, la segunda sección del libro, “Acariciame el hoyo por dentro”, llama en una primera escucha a la risa que suscita el nombramiento de algo sexual descaradamente abierto. Ya lo dijo George Bataille, hay dos  signos que se resisten a ser representados en la cultura occidental, uno suscita a risa, el del sexo y el otro a la gravedad, el de la muerte. El pulso de la risa  espontánea surge de un saber  desplazado, que sabe que ahí se está diciendo otra cosa, risa de los saberes rabelesianos, grotesca, crítica al orden que reprime las partes bajas del cuerpo donde se ubica lo más real de lo existente;  el verso se  conecta al adentro de la materia, al adentro del yo, a su centro; producción suplementaria de otra cosa el enunciado apela al centro vacío del sujeto; vacío que  deja de serlo al dar ahí lugar a la escritura, plenificándolo…

Marcos Arcaya ha elegido una escritura del desorden y el juego de las combinatorias excéntricas, de devenires y flujos de insatisfacción del yo que habla, su lenguaje no puede hacer corresponder la palabra  poética con alguna verdad procedente de un saber situado. El gesto se extrema al final del texto  con la expresión de un yo que se declara en desposesión de su propia palabra: “consisto y no me poseo/ en estas/ mis palabras ajenas en su/ repetición de/ muerte”.

Particular significancia tiene en este texto el signo de la enfermedad, desde la que el poeta ejerce una apropiación de un lenguaje quitado al poder del saber institucionalizado de la ciencia, el poeta se nombra y nombra en los malestares del cuerpo y la psiquis, su desafío al bio-poder regulador de los cuerpos. Bio poder que produce en el deterioro sus mecanismos de regulación y disciplinamientos.

Es esta última sección del libro la que viene a confirmar sentidos abiertos en la primera por la demanda de la exposición del poeta desde ése su yo por dentro, su  centro vació y la radical precariedad que lo habita en su indiferenciación con los otros y que hace del texto un espejeo de todos quienes se  involucren en la lectura. Las iniciales “CC” que inician esta segunda parte y que  doblemente están nombrando al lector,  ―cada cual―  refieren también al nombre de Cynthia Cortez ―muchacha asesinada en el campus de la U. Austral, en la ciudad de Valdivia―. La mención remite a una operación de memoria que se hace efectiva en el rostro de una ausencia, del marco sin foto, del recuadro vació, del monitor apagado en negro o blanco, de un continente sin contenido que podría ser una pantalla oscura o una página blanca. El poeta llama  a ingresar allí donde sólo  podría encontrarse su propio imaginario, un espacio mental donde el cruce de la nada, de goce de la desgracia y la enfermedad encuentran su lugar en la escritura: “CC/cada cual se encuentra  exactamente al centro de un lugar de la mente”.

Marcos Arcaya escribe lujosamente, sin concesiones al significado, la disparidad de su imaginario, el dispendo de sus miserias, sus excrecencias y goce de una escritura que se abre y cierra en el mismo espacio, el espacio del crimen que simultáneamente provoca y extraña, seduce y repele por la marca de su otredad y ambigüedad significante. Alto Hospicio lugar señalado de crímenes de mujeres inicia “el librito”; CC, Cynthia Cortez, la muchacha violada y asesinada lo cierra. Mujeres muertas.

Marcos Arcaya escribe el texto de su propia incertidumbre, sus mentiras, su nomadía genérica, su constante devenir y la constatación de su vació salvado en  la escritura por la producción de ese vacío, “todo sucedió más o menos”. Es el hermetismo de un saber oscuro lo que  nos sitúa en el espacio mental de un habla proliferante  que arrolla por el espejeo que posibilita a “CC/cada cual” encontrarse en el texto, como dice el poeta, “encontrar aquí su retrato”, pero el retrato no es sino lo abierto a una inmanencia de la virtualidad por una liturgia que se realiza en el espacio de lo imaginario”.

El texto retrotrae la lectura desde la escena del crimen y la muerte que ha habitado el imaginario de Chile al delirio y la autoconfesión de un poeta significado por el saber oscuro de su disolución y su malogro. Poeta de la no verdad.

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Presente perpetuo en Medical Pet de Marcos Arcaya Pizarro
(Catafixia: Guatemala, 2010)
Por Julia Guzmán Watine(*)

Una de las lecturas de Medical Pet que quiero proponer mediante este ensayo es que se construye un recuerdo del terreno baldío o del campo de concentración extensísimo en el tiempo, que abarca muchas calamidades olvidadas. Infortunios que se traducen en hechos violentos, demostraciones de poder y también en vidas vacías que se consumen en el olvido o en un recuerdo vacío.

Sin embargo, pienso que en la rememoración expresada en Medical Pet, no hay una narración o sentido. Más bien el recuerdo se asemejaría a una experiencia esquizofrénica ― e inverosímil―, donde según Jameson (2002, p. 177), se “está condenado a vivir en un presente perpetuo con el que los diversos momentos de su pasado tienen escasa conexión y para él no hay ningún futuro concebible en el horizonte”.

Este presente perpetuo del recuerdo se puede manifestar, en primer lugar, en un pasado que se recuerda a través de imágenes y nombres repetitivos, revelaciones de Alto Hospicio, Cynthia Cortez, Lucía Hiriart, etc., del pasado reciente y lejano, colectivo y personal. Así, se evoca de una manera recurrente imágenes ―en un primer término― impuestas  y luego olvidadas por los medios masivos de comunicación. Sin embargo, es a través de su articulación y repetición, que devienen significados distintos; sobreviven con sentidos divergentes al vacío del olvido y del desecho.

Entonces, Medical Pet se sumerge en un una tristeza o depresión que como afirma Kristeva (1987, p. 14), se acompaña de un orgullo aportado por la lucidez del recuerdo que  revela las historias escondidas, las vivencias casi verdaderas. Pero esta claridad es fragmentada y lo anterior vuelve aquella experiencia extraña, inverosímil e incluso ominosa.

En segundo lugar, este presente perpetuo, se podría manifestar por medio de las alusiones a otros horrores ―Hauff y Hoffmann―, a otros agobios y vacíos o a otros miedos y búsquedas infructuosas en terrenos baldíos (The Waste Land de Eliot), en tierras de nadie, impregnadas de violencia y de temores, contemos sin orden Cipango de Tomás Harris, El Primer Libro de Soledad Fariña, Vírgenes del sol de Alexis Figueroa, Matadero Cinco de Vonnegut, El Eternauta de Oesterheld y Solano, Saló de Pasolini, etc.

De esta forma, se manifiestan reminiscencias del presente e imágenes recurrentes del pasado (poéticas, terroríficas, románticas, poderosas) para terminar con dicho  recuerdo, saber u olvido consensuado, con la univocidad inerte. No obstante, no hay un avance, sentido o dirección, vale decir, estas imágenes inverosímiles, son como las manos separadas de sus cuerpos, son cabezas y fragmentos que ilustran, espantan y transforman la experiencia y lucidez en un tormento.

Por último, podemos asumir que la representación espacial del olvido es el “no lugar”, entendido como “un espacio que no puede definirse como un espacio de identidad, ni como relacional ni como histórico” (Augé, 2000, p. 83).  Entonces, estos “no lugares” son los terrenos baldíos ―extensísimos en el tiempo― donde se esconden y olvidan cadáveres, errores, vergüenzas y espantos; y la rememoración se articula con imágenes recurrentes, perpetuas como secuencias de lápidas, que convierten el abandono en recuerdo fragmentado y permanente.

El “no lugar”, el campo de exterminio, el descampado se convierte, entonces, en cementerio. En otras palabras,Medical Pet es “un saco de conejos muertos” (alusión al País nocturno y asesino de César Cabello) y es la oposición olvido-recuerdo; es la visión del presente y el pasado vencidos, es una mirada clarividente, roja, sin futuro.

Ante la aniquilación del pasado, el recuerdo se manifiesta en el presente perpetuo, en la derrota de la narración en la medida que se expresa la ausencia del porvenir, en la recurrencia de imágenes, nombres, poemas que enuncian el dolor y el vacío atemporales.

De esta manera, la derrota radica en que la lucidez es el germen y la apoteosis del sufrimiento, la podredumbre, el círculo vicioso. Sin embargo, remece, se distingue, aparece, como vivencia –fragmentada- y existencia –mutilada- que cuestionan venenosamente el “olvido-consenso” para restregarnos perpetuamente la conciencia del fracaso.


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Referencias Bibliográficas:
  1. Augé, M. (2000). Los no lugares. Espacios del anonimato. Una antropología de la sobremodernidad. Barcelona: Editorial Gedisa, S. A. En www.scribd.com/doc/.../Marc-Auge-Los-”no lugar”es.
  2. Jameson, F. (2002). Posmodernismo y sociedad de consumo. En H. Foster (Ed.) (2002). La Posmodernidad. (pp. 165- 186).  (5ª ed.). Barcelona: Editorial Kairós, S.A.
  3. Kristeva, J. (1987). Soleil noir. Dépression et melancolie. France: Éditions Gallimard.
(*) Magíster en Literatura Latinoamericana y Chilena

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MEDICAL PET DE MARCOS ARCAYA:
UN ACCIDENTE EN EL TÚNEL DE CARNE
por Carlos Labbé

Lunes, 30 De Agosto De 2010
http://www.sobrelibros.cl/content/view/436/1/


He estado queriendo leer que algunas personas sabias de tiempos distintos respetaban la semejanza entre la lectura y la digestión estomacal, de manera que para ellos no había manera mejor de terminar de leer el libro que dejarlo abierto, ponerse de pie, abrir la puerta y salir a caminar. Imagino que simultáneamente el bosque para Nietszche, el rulo para Emar, la playa para Woolf o la nieve para Walser eran, sin simetría alguna, una enormidad ante la cual esa experiencia físicamente abrumadora podía tomar la proporción que sus propios cuerpos les permitiera. Una conversación de una vez en la vida sobre el Libro, como la que cuentan que sostuvieron toda la noche Dyson, Tolkien y Lewis en un parque de Oxford mientras caminaban y fumaban después de comida, se va transformando en rumor cuando entramos en la ciudad contemporánea. El diálogo se pierde en ese rumor, las sonrisas y gestos de complicidad son la única didascalia de un monólogo interior atenuado por la música de los audífonos cuando el entorno en apariencia sólo está hecho a escala humana, ahora cada esquina desesperadamente quiere llamar la atención de quien transita y la vitrina y la pantalla y el apretujamiento y el polvo hace que comer o leer en la vía pública esté reservado sólo para los jóvenes, los sanos, los inconscientes, los extravagantes o los sinvergüenzas. La sífilis quizá ya tenía afásico y paralítico a Baudelaire cuando publicó sus Pequeños poemas en prosa sobre los pasajes de París, sin embargo aún hay en ellos el recorrido de cierta ciudad como enigmático bosque de signos, que incluso bombardeado y demolido para Freud, Jung, Reich y Kafka era un lugar donde dejarse deglutir y disolverse. Estos días no es fácil para mí leer un libro de poemas como Medical pet e irme a caminar con su última página abierta. Hay una tensión en el oído, en el ojo, en la lengua de quien se enfrenta al enigma de frases que van completamente hacia afuera y siempre se quedan adentro, en una referencialidad autobiográfica que no conozco y que intuyo, que proyecto en la mía por medio de la incorporación de Alicia en el país de las maravillas, de El eternauta, del Apocalipsis, de España, aparta de mí este cáliz, de Purgatorio, de los cuentos de Hoffmann y de un libro en mapudungún que no está escrito. Se trata de llevar lo leído al portal de la ciudad y reescribir ahí, en primera persona, esa rara conversación del Génesis que sostiene Lot con sus ávidos vecinos de la ciudad de Sodoma cuando éstos irrumpen en su casa para violar a los ángeles que alojan esa noche en su casa. Es la disyuntiva entre ponerse a hablar sin saber qué se dice o dominar bien cada palabra para así no decir nada. De repente, el poemario de Marcos Arcaya se abre: la primera sección, «Alto Hospicio / Mi noche», tiene las páginas blancas como cualquier libro; la segunda, «Acaríciame el hoyo por dentro», tiene las páginas negras. Las dos son escatológicas, la primera en un sentido corporal del término y la segunda en un sentido abstracto, metafísico. Y están entretejidas por la imagen de una niña que cae por un hoyo, por la madriguera que antes habitaron «miles de conejos» que ahora están muertos y cuyos cadáveres la voz del poemario arrastra en sacos a través de las páginas. Ese hoyo es un túnel que lleva hacia dentro de la misma Alicia, sujeto y objeto de una pregunta por la inocencia. El equívoco y la sordidez empiezan cuando se confunden las palabras inocencia, ingenuidad, pureza y blancura: así como esta Alicia es una «Alicia mapuche», para la voz chilena es imposible que ese túnel tenga otra salida comprensible que las visiones del País de las Maravillas, y aunque «las cosas cuando/ buscan su curso encuentran su/ vacío» el sujeto poético le ofrece consuelo a su niña: «pensé tu corazón y eran/ túneles de carne». Medical pet tiene resonancias del Lagar de Gabriela Mistral cuando condensa deseo y ternura en un solo estado febril de lamentación sobre la caducidad de esto que está vivo; Alicia es también el hablante lírico que no puede dejar de leer a Lewis Carrol desde su propio cuerpo que es visitado en habitaciones desconocidas y en bosques cuyos recovecos son sus miembros infantiles que crecen de súbito, que la hacen sentir deformes sus genitales ajenos –los del otro parecen propios de tan cerca que están–; de repente está rodeada de monstruos cuando sólo se ha hecho adulta, madura, sexual es la palabra que no se nombra y la angustia de no decir aleja, vuelve esto cifra, oscuridad, sintaxis entrecortada.

¿Qué significa Medical pet? Los títulos de nuestra poesía se debaten entre el uso de la huidobriana frase imposible –el viaje cubista y caligramático de Altazor– y la paráfrasis de raíz barroca –la ubicuidad de L. Iluminada en Lumpérica–, mientras el poemario de Arcaya quiere atravesar estas tradiciones –«y no diré la mEDICAl pEt», responde por anticipado– hacia esa contradicción mistraliana que declara desde la oralidad alguna vez insolente de Parra: «acaríciame el hoyo por dentro». Aunque de carne, los túneles deben tener alguna salida, y quien lee a través de ellos para resguardarse de que en la ciudad todo parezca significativo o nada lo sea encuentra descanso en la fugacidad de una frase explícita, que dejará de significar en cuanto el dedo, el cuerpo, la subjetividad del otro ingrese en su propia experiencia literaria. ¿Se puede tocar un hoyo por fuera? ¿Qué es un hoyo, si no la posibilidad de un interior? El ano, el ojo, el oído, el ombligo, la vagina, la fosa nasal, la fosa, la propia fosa sólo puede tocarse cuidadosamente, como en una caricia, de otra manera Alicia caerá dentro: cuando se duerme aburrida después de almuerzo en verano, acalorada, bajo el árbol, es una mujer inminente en la mirada del adulto que la observa desde lejos y a través de un cuerpo con hoyos –la máquina fotográfica de Carroll–, atravesado por discursos y necesidades y anhelos, con entradas y salidas bien delimitadas, controladas, clausuradas, desiertas a menos que el lenguaje verbal pueda perforarlo de vuelta con expresiones que lo abran hacia tantos lugares nuevos a la vez: «tuve la curiosa experiencia de ser todos los hombres». Y ese es el cariño medicinal, lamedical pet. La literatura en este poemario –entonces los sentidos del título de este libro también se despliegan– cambia y se hace el remedio favorito de los jóvenes; el libro se transforma en el hospital donde van a dar quienes están enfermos de ver los comerciales y de oír los avisos y de usar marcas en el cuerpo; la voz poética se convierte en la mascota terapéutica del lector, el recipiente para la eyaculación del amante, el cuerpo –de Jesús, de una vaca– del que todos comen. Son construcciones literarias que han perdido el relato de su cotidianidad, que se aislaron de una narrativa y sin embargo persisten en su deseo de ir más allá de la página hasta el que lo lea, de traspasar el blanco del papel con la experiencia de quien recorre una ciudad donde le dicen que vea negocios, edificios, casas, calles y autos, no obstante lo cual «en todas las olas [observa] colillas flotando», «malezas rojas», «un azul de pasto» y «verde petróleo», más la nieve envenenada del cómic de Oesterheld y la retórica de Juan Evangelista, una frase sobre el sufrimiento que de tantas veces repetida sobre fondo negro pierde toda significación como un cuadrado blanco vacío en una página blanca, así como la necesidad de amor –avergonzada de su puerilidad– se disfraza de pornografía y el topónimo acogedor del barrio sórdido, pobre y seco de Alto Hospicio termina en la confesión sincera con que empiezan los libros iluminados, «yo soñé lo indecible», y con que termina lo que no está escrito: «repetición/ de muerte».

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ilustración de Arthur Rackham




APUNTE SOBRE ALGUNOS ERRORES PROPIOS 
Y OTROS AJENOS 
EN RELACIÓN A LA RECEPCIÓN DE UN LIBRO 
LLAMADO MEDICAL PET 


por Marcos Pullally

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1.- Hace tiempo escribí un texto poético titulado Medical Pet firmado con otro nombre, este texto fue publicado como libro por la editorial guatemalteca Catafixia en 2010 por invitación de sus editores, Carmen Alvarado y Luis Méndez Salinas. Sé que mi trabajo poético no cuenta con mucha atención, cuestión subrayada, entre otras causas, creo, porque hace un tiempo me equivoqué y escribí unos artículos por lo menos horribles, supongo que también porque estoy lejos de Chile desde hace unos años, porque mi carácter retraído hace que cada vez tenga menos amistades ligadas al campo de la escritura poética, también por carecer de vocación de polemista, además de la usual mezquindad reinante por aquellos pagos. En consecuencia, me parece oportuno dedicar unas líneas a observar algunas cosas, ni todas ni muchas, acerca de Medical Pet
Dentro de las referencias en relación a la afamada Alicia de Lewis Carroll que manejaba mi conciencia clara y que recuerdo todavía, además de los dos libros de Carroll, contaba con un breve conjunto de poemas de mi por aquel entonces amigo Rafael F., además de escritos que tengo más presentes: Dos veces Alicia (1972) de Albalucía Ángel, el texto de César Cabello incluido en Epew-Fábula (2008), El Laberinto circular y otros poemas (1995) de Alexis Figueroa"Alicia en el país de las maravillas" (1934), poema de Enríquez Gómez-Correa, y Adornos en el espaco vacío (2002) de Gustavo Barrera.
Hace años escribí una nota al escrito de Rafael, quizá por eso, en la apertura de un congreso en México sobre trata de personas mencionaban mi nombre, atribuyéndome la autoría de su escrito. A Rafael le debo el haberme acercado a la lectura de la Alicia de Carroll.
Antes, en el libro 5Chile (2007), hice un giño a la Alicia de Carroll, puntualmente un guiño al Rey Rojo, éste fue gatillado también por la Alicia que se replica en Adornos en el espacio vacío de Gustavo Barrera, y si mal no recuerdo en este libro se menciona también al Rey Rojo… No recuerdo y no puedo verificarlo porque presté el libro no recuerdo a quién.
Antes de la presentación del libro Medical Pet en Santiago de Chile alguien fue tan amable de escribir una nota crítica en una revista on-line. Sin dejar de estar agradecido por la atención dispensada a Medical Pet, cuento algunos errores en su lectura, p. ej., el mencionar Alice in Wonderland de Tim Burton como referencia del libro: pues no, no fue una referencia cuando escribí el texto (antes de la película) ni ahora. Nada más lejano de mi sensibilidad, intenté verla después de aquella mención, creo que ni siquiera la pude terminar. 

Para detenerme algo más en este punto suscribo la afirmación de Albalucía Ángel en una conferencia publicada en 1998 bajo el título "De vuelta del silencio". La escritora  colombiana señalaba su desinterés por la vulgaridad y su amor por el vulgarismo, cito: "Allí la propuesta de escindirse del lenguaje vulgar, no del vulgarismo, el lenguaje vulgarista llamado del pueblo; ese lo amo mucho. Ese lo considero enormemente". Si cabe duda de la puesta en práctica de esta premisa remito a su Misia Señora (1982), uno de los libros que desde hace tiempo tengo más presente. Sea dicho, entiendo el habla viva popular como material rico, sin que cuente entre mis intereses reproducirlo con fidelidad o escribir "para todos"(*). Yo mismo vengo del bajo pueblo, por eso lo llevo conmigo para bien o para mal y jamás lo idealizo, no me nace ni me place.
2.- Practicar la generosidad de la crítica, pienso como una posibilidad entre otras, dice relación con situarse en el texto mismo, en interrogarlo primero y a partir de allí intentar reconstruir o proponer tramas de sentido, antes de la teoría, antes de nuestra ideología política o profesional y antes, claro, de nuestros prejuicios, de nuestro gusto personal y de enemistades reales o imaginadas.  Se entiende que esta anterioridad es relativa e implica un esfuerzo y también responsabilidad. No planteo ninguna novedad con estas observaciones, más bien vagas. Asimismo, al contrario de lo que creyó la autora de la mentada nota, en Medical Pet no busqué novedad alguna, tracé en cambio líneas de parentesco con referentes explícitos e implícitos, además que, como es obvio, Medical Pet da cuenta de referencias fuera de mi conciencia clara, y en esto no remito exclusivamente a otros textos literarios, hablo de la socialidad en más amplios términos. 
Para no aludir más a esa nota crítica sobre Medical Pet, termino apuntando que creo recordar que en ella la autora también mencionaba mi vocación pop o algo así, en relación a unos dibujos antes de la primera página a modo de vectores negros en fondo blanco; el caso es que esos dibujos fueron decisión de la editorial, no tuve participación en ese tema, fueron incluídos en su colección como parte del diseño genérico. Bastaba un poco de interés y acudir al libro de Paula Ilabaca publicado por la misma editorial y que fue presentado junto con el mío, o escribir a la editorial.
Paso ahora a la nota crítica de una lectora que admiro, Raquel Olea, sin que esto quiera decir que su nota me parezca del todo ajustada. Nada más un punto: Olea mencionaba la desaparición de las mujeres que de una u otra forma sirve de material a Medical Pet, tanto a la primera parte ("Alto Hospicio, mi noche") como a la segunda ("Acaríciame el hoyo por dentro"), en alusión a los crímenes del llamado "psicópata de Alto Hospicio" y al asesinato de Cynthia Cortés, respectivamente. Olea decía que la desaparición de las mujeres tenía su extensión en Medical Pet, sin citas a mujeres escritoras, en contraste a la existencia de citas a varones escritores. Sin duda sería productivo estar de acuerdo con ella en lo que toca a una dimensión del texto que no tuve en cuenta, no obstante, en honor a la verdad, si no menciono alguna escritora como firmante de los epígrafes, lo cierto es que abundan referencias a escritura de mujeres, baste nombrar: los "cinco choroyes" en alusión a El primer libro (1985) de Soledad Fariña. Aparecen tanto en Medical Pet como en 5Chile (2007), mi libro anterior; y algunas paráfrasis a la primera parte de la novela El contagio (1997) de Guadalupe Santa Cruz, puntualmente, si no me traiciona la memoria, los apartados titulados "Hogar en fuego" y "Los fuegos del hogar", sobre todo el primero.
No obstante el desliz de Olea, creo que las dos lecturas que recién he comentado marcan dos perspectivas, a saber, una desde sí y para sí, pletórica de certezas, y otra, la de Olea, interrogando al texto, intentando situarse en él y reflexionando sobre su propia perspectiva.
Sea como fuere, por allí quizá una buena veta entre otras, es decir, en la desaparición de las mujeres de los epígrafes, la desaparición reiterada entonces, pero a la vez contrastada por la presencia constante y solapada de las (mujeres y mujeres escritoras) desaparecidas en el texto mismo (hablo a nivel de la superficie textual todavía); especie de réplica de la realidad socio-histórica denotada y que puede ser reconstruida en la articulación textual, esta vez a nivel de la estructura profunda de MP, más allá o por debajo de la superficie textual y de mi consciencia clara. La oposición "desaparición / presencia" puede ser un eje articulador del sistema semiótico donde, a su vez, en función de esta tensión, los escritos de los/as escritores/as arriba mencionados/as podrían (más allá de nuestras "afinidades electivas") servir de intertextos. 
Por cierto, algunos de los intertextos más importantes, creo, serían, por una parte, un ensayo de la antopóloga feminista Marcela Lagarde acerca del feminicidio y, por otra, articulos aparecidos en la Revista Nomadías que tocaban el tema de los crímenes de Alto Hospicio, creo que en el nº6. El texto de Marcela Lagarde está acá, los articulos de de Nomadías no los tengo a mano; por otro lado resulta útil para sensibilizar sobre el tema herramientas gráficas como este mapa.   
Claro está, y para terminar, no pretendo agotar el texto en relación a su lectura a nivel de temas o contenidos en general, ni pretendo decir que sean estos materiales (Alicia-crímenes de Alto Hospicio-asesinato de Cynthia Cortés) lo central en Medical Pet. Sólo he querido detenerme en un par de puntos para que, si existen futuras aproximaciones críticas a MP, éstas no repitan los errores señalados.  
Como mis obligaciones y mi ánimo (o desajustes de cabeza) no me dejan más tiempo para esta breve nota, le dejo al lector un saludo y agradecicmientos por su amabilidad. Por último, transcribo dos escritos con la intención de compartir mi admiración por El laberinto circular y otros poemas de Alexis Figueroa y Adornos en el espacio vacío de Gustavo Barrera:

Alicia en la clínica
de El laberinto circular y otros poemas, Alexis Figueroa 

Una parte suya dice que aún está, 
la otra sostiene que se ha ido. 
Corolas y canciones se le mezclan en la mente 
mientras un gusano aspira el humo del haschís. 
Una parte suya dice que no está, 
se encuentra afuera, 
la otra parte de ella la contempla más tranquila, 
con un traje color carne pero vuelto del revés: 
le han invertido como un guante, 
dejando al descubierto el esqueleto 
de su educación sentimental. 
Y qué caos está Alicia que no está, se encuentra afuera 
que caos está Alicia intentando descubrirse 
en la Alicia verdadera, reflejada en la imagen de detrás. 
Que caos este juego y pobre Alicia, 
con los conejos blancos que le llevan tiernas setas, 
tiernas setas de crecer y de achicar, 
tiernas setas cogidas con cuidado y entre todas una, 
ofrecida por la oruga farmacéutica, 
que la timbra en la parte superior. 
Salud a los circulares fosos de bioquímicos fantasmas, 
salud a las esféricas sustancias de chamanes, 
salud a las cápsulas redondas en los frascos, 
vestidas con el hábito de Hipócrates 
y la condecoración de los Hermanos de la Caridad. 
Cada seis, cada ocho horas, Alicia corre en círculos, 
mas no se mueve, está sentada, 
mientras los conejos blancos -helados, espantosos 
como el hielo del infierno- dicen 
"muerde aquí, después allá, sé buena chica, 
no te hagas la heroína y devóratela entera" 
(así dice el coro de conejos al compás de sus estéreos). 
Y ella patalea sobre el piso de baldosas, 
dando un mordisco y otro a un solo lado, 
hasta que le meten una sonda y lentamente, 
baja el valium del Olimpo a su garganta.
*

Alicia se multiplica
de Adornos en el espacio vacío, Gustavo Barrera 
La multiplicidad de momentos de una cosa es lo que hace que no transparezca su verdadero ser, y justifica la pregunta de cuáles son sus principios verdaderos.

Xavier Zubiri

Alicia entra en su habitación
 se tiende sobre la cama 
y observa la vela sobre la mesa de noche 
tras la luz de la vela existe una luz más oscura 
Bajo la habitación 
una segunda Alicia entra en su habitación 
se tiende sobre la cama y observa la vela sobre la mesa de noche 
tras la luz de la vela existe una luz más oscura 
Bajo la cama una tercera Alicia observa la vela sobre la mesa de            noche 
tras la luz de la vela existe una luz más oscura 
Dios observa la situación seccionada 
desde fuera de la casa 
observa simultáneamente todas las habitaciones 
idénticas una sobre otra 
Detrás de Dios 
un segundo Dios observa a través de la transparencia del primero 
los ojos de Alicia 
sobre la vela sobre la mesa de noche
el segundo Dios 
no cree lo que está viendo 
y vuelve su mirada hacia un tercer Dios 
ubicado tras de él 
El tercer Dios observa a través de la transparencia del segundo y el primero 
los ojos de Alicia sobre la vela sobre la mesa de noche